Givenchy en el museo de arte Thyssen Bornemisza

El modista francés Hubert de Givenchy. El genio que vistió los sueños de alfombra roja de Audrey Hepburn y que hoy habría visto cómo toma las riendas de la maison el tarantino Riccardo Tisci, ocupará la exposición temporal del museo desde finales de octubre. Guillermo Solana, director artístico del Thyssen, ha confirmado la noticia apuntando a que la muestra tendrá una duración aproximada de tres meses, sustituyendo al proyecto inicial que tenía como objetivo traer la prolífica exposición Valentino: Master of Couture desde la Somerset House de Londres. Tras meses de negociación, ambos museos no llegaron a un acuerdo en cuestión de costes y la junta del museo madrileño decidió posponerla sine die.

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Pero el legado de Givenchy bien vale una cita propia por primera vez en las últimas décadas, siendo la primera vez que el Thyssen trata en tamaña profundidad la temática de la moda. Admirador de Cristóbal Balenciaga y leyenda viva de la industria, Hubert tiene hoy 86 años y se crió en el seno de una familia protestante en Beauvais, donde su abuelo poseía una fábrica de tapices en la que además coleccionaba telas, muebles y otro tipo de objetos típicos de la época. Según él mismo, siempre quiso dedicarse al mundo de la moda, pero era una profesión mal vista por aquel entonces.

Formado al filo de las agujas de Robert Piguet, Lucien Lelong y hasta de la mismísima Elsa Schiaparelli, al poco de aterrizar en la capital francesa abrió su propio taller y tres o cuatro años más tarde conoció a Balenciaga, un gran amigo del que se declara un absoluto admirador, al que reconoce como fuente de inspiración y del que, de alguna manera, heredó una forma de hacer y de entender la Costura. Una forma que se caracteriza por ser el súmmum de la elegancia.

 A finales de los años ochenta, la firma pasaría a manos del grupo LVMH y poco después Hubert deja su cargo de director creativo y es reemplazado por John Galliano.

Tras Galliano llegó McQueen y tras él, el actual diseñador de la maison, el italiano Riccardo Tisci. Su heredero habla maravillas de su primer encuentro con Hubert: “Me pareció la persona más maja del mundo. Vio que era sincero y que quería lo mejor para la casa, que no había venido a destruirla, sino a intentar que tuviera éxito. Hablamos de todo: del corazón, de las flores, de Italia -porque le encanta Italia y hasta tiene una casa en Venecia-… de muchas cosas. Al final de ese intenso desayuno (para mí, no para él, por supuesto), me dijo: “Te voy a decir una cosa. No importa lo que hagas, pero sé tú mismo”.

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Su gran musa, la actriz Audrey Hepburn, le dedicó el mejor piropo que se le puede dedicar a un creador de moda: “Su ropa es la única con la que me siento yo misma. Es más que un diseñador; es un creador de personalidad”. En su primer encuentro, en 1953, el modista y la actriz ensamblaron a la perfección sus personalidades y desde entonces la silueta de él iba estrechamente asociada a las facciones enmarcadas en la enjuta imagen de ella.

Por aquel entonces, Hubert ya era una de las jóvenes promesas de la Costura francesa, y había abierto su primera tienda en París tan solo unos meses antes. Mientras se encontraba inmerso en el proceso de su nueva colección, le pidió a Audrey que se pusiera cualquier cosa que le gustara de su atelier, petición que ella aceptó y que incluso les llevó a modificar alguno de sus diseños juntos. Desde ese momento vendrían momentos inolvidables como el mayúsculo vestido negro con el que aquella irreverente Holly Golightly –el personaje de Audrey en Desayuno con diamantes– para a desayunar frente al escaparate de Tiffany’s en Nueva York, la fragancia bautizada como L’Interdit que él elaboró para ella pero se convirtió en un éxito generacional o la campaña para este mismo perfume, inmortalizada por Richard Avedon.

Ahora, la magia de ambos junto a una carrera llena de sueños cumplidos llega a Madrid, apuntando una vez más a que la capital parece resucitar una vida cultural.

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La exposición está comisariada por el propio Givenchy y ofrece, por tanto, un enfoque excepcional de sus colecciones a lo largo de medio siglo, desde la fundación en 1952 en París de la Maison Givenchy a su retirada profesional en 1996.

Los vestidos que diseñó para algunas de las personalidades más icónicas del siglo XX, como Jacqueline Kennedy, la duquesa de Windsor, Carolina de Mónaco o la que fue su musa y amiga Audrey Hepburn -que vistió en películas como Sabrina o Desayuno con diamantes-, sus creaciones más originales como la blusa Bettina o el vestido saco o sus admirados diseños de prêt-à-porter, concepto que él mismo creó en 1954, se mostrarán junto a un conjunto de obras de diferentes épocas y estilos de las colecciones del Museo Thyssen-Bornemisza.

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